La mayoría de sus apariciones en la pequeña y en la gran pantalla han sido dentro de la serie B, pero sin abandonar su vocación teatral por los clásicos y por Shakespeare más en concreto.
Durante su infancia fue un niño inconformista al que no le gustaba ser hijo de un famoso. Viajaba de un sitio para otro con la compañía teatral de sus padres y tuvo que cambiar varias veces de escuela. Durante su juventud, se convirtió en uno de los pioneros del movimiento hippy norteamericano y vivía en comunas, alimentándose de productos naturales y llevando un tipo característico de ropa.
No quería ser actor sino granjero, por lo que se instaló en Vermont como peón agrícola, aunque más tarde se inclinó por la música y la interpretación teatral y se unió a un grupo escénico del San Francisco College para dar vida a personajes clásicos como el Yago de “Otelo”, “Un enemigo del pueblo”, “La muerte de un viajante”, “Macbeth” o “La tempestad”.
Es allí donde descubrió su aptitud para el drama y trabajó paralelamente en el cine y en la televisión. En 1971 el productor Jerry Thorpe le pidió que interpretase al monje Kwai Chang Caine en la serie “Kung Fu”, cuyo éxito lo lanzó a la fama mundial. Ha trabajado en numerosas películas como “Cannonball” (1976), “El huevo de la serpiente” (1977) de Ingmar Bergman, “Alerta roja: Neptuno hundido” (1978) de David Greene, “El desafío del cóndor” (1979) de Barry Brown, y más recientemente “Kill Bill 1″ (2003) y “Kill Bill 2″ (2004) de Quentin Tarantino. Gracias a estas dos películas volvía del olvido (nominación al Globo de Oro incluida) encarnando a un asesino de estilo oriental que no puede superar que Uma Thurman le abandone por otro comenzando una espiral de violencia y de sangre con estética de persecución del Oeste que llevará al personaje de La Novia a encontrar a Bill en una escena final muy recordada. La última película estrenada en España en la que aparecía fue “El gran Stan”, comedia en la que seguía encasillado en el papel de maestro de artes marciales.