Cafe de flore

22 Ago

Una historia en el París de 1969 que narra las relaciones de una madre con su hijo con síndrome de Down y otra en el Montreal de hoy (un dj casado y con dos hijas abandona a su mujer, enamorado de otra) se alternan en esta película sugestiva, intensa, que según la mayoría de la crítica fracasa cuando pretende enlazar las dos tramas en clave mística, apelando al karma y la reencarnación, sin embargo personalmente me gusta la propuesta de Jean-Marc Vallée. Película valiente, emotiva, que rezuma sensibilidad en todos sus fotogramas, destacando la música como influjo vital y otras disquisiciones muy new age.
Tras romper con su esposa, Antoine (DJ de éxito internacional), vive feliz con su pareja, Rose y con sus dos hijas pequeñas. Éstas son fruto de su matrimonio con Carole, una mujer sensible que aún se aferra al amor de Antoine, a quien no concibe perderlo. Para ella el amor es permanente, no puede romperse, puesto que ella y Antoine se juraron esa unión eterna cuando eran adolescentes, de modo que no acaba de aceptar la ruptura… Por otro lado, en el París de los 60, otra mujer, Jacqueline, ve cómo su matrimonio se rompe cuando tienen un hijo con síndrome de Down. Jacqueline quiere a su hijo de modo febril, ejemplar, y se propone cuidar de él cueste lo que cueste, hasta las últimas consecuencias.
‘Cafe de Flore’ se podría resumir como dos triángulos amorosos separados por el tiempo y el espacio construyendo un rompecabezas en el que el espectador tendrá que unir las partes, para ello el director utiliza con maestría la música. Aprovechando que uno de los protagonistas es Disc Jockey, Vallée monta su pelicula como un DJ su show, mezclando las historias, parando a veces súbitamente el tempo, para que lo siguiente impresione más. La remezcla le sale perfecta.
Las actuaciones están a la altura de la película, Vallée construye dos escenarios distintos para sus actores, el París sesentero es un lugar gris, con tonos sepia, sobre el que se destaca el amor incondicional de Veronique por su hijo.

Vanessa Paradis, la antigua Lolita del pop francés, está inconmesurable y logra transmitir toda la fuerza del amor materno. Por otro lado, el Montreal que vemos es un lugar luminoso, en el que los únicos nubarrones de sombra lo ponen las pesadillas de Carole.Kevin Parent, que al igual que Paradis es también cantante, da vida con soltura a Antoine, aunque es Hélène Florent, en el papel de Carole la que roba literalmente todas las escenas. Sus alter egos adolescentes, traen a la memoria otra película de Vallée.

Cafe de Flore’ se decantará por una salida fantástica o espiritual pero el poso que dejará será el de una película preciosa y etérea, como una buena canción de Pink Floyd o Sigur Ros y demuestra que Jean-Marc Vallée es uno de los directores en la actualidad más a tener en cuenta. En cualquier caso tienes que verla, estoy convencido que te parecerá una delicia.

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